La situación del campo mexicano sigue siendo crítica. A pesar de los discursos triunfalistas y los programas de subsidio impulsados por el gobierno federal, las condiciones estructurales que impiden el desarrollo del campesinado pobre y medio no han cambiado. El llamado “Segundo Piso de la Cuarta Transformación” no ha representado un viraje real en la política agraria del país.
Los programas como Producción para el Bienestar o Sembrando Vida, aunque han significado un ingreso para ciertos sectores, no resuelven el problema de fondo, que es el dominio absoluto de la agroindustria en el modelo de producción nacional. Las grandes empresas controlan la cadena de suministro, el acceso a insumos, la comercialización y la exportación, mientras que los pequeños productores continúan marginados, con tierras sin acceso a agua, sin créditos, sin infraestructura y sin precios justos.
A esta realidad se suma la cooptación del movimiento campesino. Muchas organizaciones que en el pasado fueron instrumentos de lucha, hoy son simples gestoras de programas gubernamentales. Se ha desmovilizado la protesta campesina y se ha diluido su capacidad organizativa, que en otros tiempos fue motor de cambios importantes. La estrategia de clientelismo ha funcionado: controlar con transferencias mínimas y evitar la organización
independiente. Es urgente abrir una discusión seria sobre las perspectivas de desarrollo del campo mexicano bajo este nuevo periodo de gobierno. ¿A quién benefician realmente las políticas agrarias actuales? ¿Qué tan transformador es un proyecto que no toca los intereses de las agroexportadoras y empresas acaparadoras de tierras? ¿Dónde están los cambios estructurales prometidos? La respuesta es clara: el modelo se ha sostenido en la concentración de la tierra, la expulsión del campesinado pobre y la subordinación a las dinámicas del capital. Por eso, hoy más que nunca, es necesario reorganizar al movimiento campesino desde abajo, recuperar sus principios de lucha y construir una alternativa popular que confronte a los intereses empresariales en el campo.