No hay política deportiva para las masas trabajadoras

Han terminado los Juegos Panamericanos en Lima, Perú; en esta ocasión la delegación mexicana se consolidó como la tercera más exitosa ganando un número de 37 medallas de oro, 36 de plata y 63 de bronce en las distintas disciplinas.

Sin duda, el deporte es un tema que ha sido utilizado por el Estado como una herramienta de enajenación, pero es fundamental decir que el deporte representa una forma de desarrollo humano y un elemento esencial para llevar a la plenitud a la humanidad. El deporte de alto rendimiento, tal es el caso de las competencias panamericanas y olímpicas, en una buena parte es utilizado con fines comerciales, pero esto no significa que la mayoría de los atletas no hagan esfuerzos monumentales para poder llegar a tales competencias. En México, los deportistas de alto rendimiento han acusado en múltiples ocasiones, la falta de apoyo para poder desarrollar sus entrenamientos y la asistencia a competencias internacionales.

El gobierno actual ha propuesto una dinámica en la cual se va a fortalecer el deporte como herramienta de prevención de salud; cuestión importante, pero también ha propuesto desarrollar una estrategia para apoyar el béisbol de alto rendimiento, deporte favorito del actual presidente. En la última semana, Obrador anunció que se apoyará a los atletas mexicanos que participaron en los juegos panamericanos; pero hasta el momento, no se ha desarrollado un plan sobre como abrir posibilidades de acercar el deporte a los barrios y colonias marginados en las ciudades o a las comunidades de difícil acceso.

El deporte, como muchas áreas del desarrollo humano, debe de incluirse en el proceso educativo formal, con la finalidad de contribuir al crecimiento de una sociedad más justa. Cientos de jóvenes no pueden desarrollarse en el deporte como competidores de alto rendimiento debido a que sólo se presta para personas con cierto estatus económico y no para las amplias masas populares. Para aquellos que tienen escasos recursos económicos es una proeza llegar a competencias internacionales o siquiera competir en certámenes nacionales.

Para los revolucionarios, el deporte es una parte esencial de la vida del ser humano y, por tanto, es una responsabilidad defender el derecho de todos los trabajadores, sus hijos y familias a tener acceso a él y desprenderlo de ese toque clasista y discriminativo.

 

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