Recuerdo que, de niño, apenas comenzaba el año y la única preocupación que tenía en ese entonces era qué pedir en mi carta a los “Reyes Magos”. Era solo un niño, y uno de mis tantos deseos era estar con papá o que me regalaran una bicicleta muy grandota para que mis amigos y yo nos la pasáramos jugando después de clases. O simplemente deseaba pedir aquel regalo inimaginable que no sabía si mis papás podían en verdad llevar a casa aquel seis de enero, pues con tantos chamacos creo que para ellos era más la preocupación de no arrebatarles ese derecho a sus pequeños hijos de creer siquiera en seres que, por arte de magia, van de madrugada a dejarte juguetes mientras uno duerme.

También deseaba ser adulto, un adulto de esos que trabajan y que, con su primer salario, se compraría el mundo y todos los juguetes del mundo. Eso deseaba.

Recién comenzaba este año y mis deseos han cambiado ¡Sí que han cambiado!

Hoy ya no deseo, lucho porque mi generación tenga una estabilidad laboral como la tuvo la tía de mi mejor amiga. También lucho para tener trabajo y no lo pierda, porque solo en periodos lo hay y con mayor grado de estudios., que aunque los tengas tampoco hay. A veces quisiera ir al hospital y que me traten como a un ser humano, como tratan a mi gato “Myshi”, cuando lo llevo a la veterinaria, con mucho cariño y con la mejor atención, así también lo merezco.

Quiero que a mi hermana la acepten en la universidad y pueda graduarse en artes, y que enseguida tenga trabajo como maestra de artes. También quiero que su salario sea digno.

Voy camino al trabajo, son las 4:30 a. m., y mi amigo Juan me dice que no pudo dormir porque en la noche deseaba hacer muchas cosas que durante el día no puede, pues gran parte se nos va en puro viajar al trabajo. Cada mañana quiero hacerme solo media hora al trabajo y no cuatro, como lo estoy haciendo en este instante. También quiero que en mi trabajo respeten mi horario de salida.

Quiero trabajar solo 40 horas a la semana, como lo hace mi amigo Randy en Alemania. Todos los días pienso que los diputados ganen el salario mínimo.

Mi mamá quisiera que la 4T esté del lado de los trabajadores y no del empresario, pues recientemente se reunió con ellos para preguntarles cuántas horas debemos trabajar, y eso no quiso mi má cuando votó por ella. Dice que todos son iguales, y sí le creo. Tiene apenas 50 años y dice que con eso basta para darse cuenta de que no están con el pueblo.

Ella quería que su sindicato le ayudara a resolver su jubilación. Bueno, después de todo alcanzará a jubilarse como mi abuelo; eso quiero también, solo que yo ya no alcancé: nací en el 2000.

Creo que mis necesidades y aspiraciones son muchas. A veces deseo no desear, pero la tía Mari me recuerda que a veces es necesario tener aspiraciones y tener un rumbo y poder cumplir los sueños, aunque duela. Ella quiere que su hijo sea libre, como un pájaro de esos que llegan a su ventana cada mañana. Quiere volver a acariciar sus cachetes y darle la bendición antes de irse al trabajo; es lo que más extraña de su hijo.

Desde que trabajo, siempre he querido que las juventudes acompañen a sus papás a la marcha del 1º de Mayo. Yo lo hago desde bebé, pues mis papás me llevaban aunque no quisieran, no les alcanzaba para dejarme en una guardería. Entonces, como cada año, me reencontraba con Lino. “Camaraditas” nos decían los señores grandes, y hasta la fecha nos siguen diciendo así, solo que ahora sí somos trabajadores no sindicalizados como nos hubiera gustado, pero con eso me conformo. Tengo amigos que siguen buscando trabajo desde que salimos de la uni, pero bueno, por eso sigo yendo cada 1º de Mayo a las calles: para recordar que trabajadores como nosotros querían mejores condiciones y más fuentes laborales… y seguimos queriendo, y seguimos luchando.

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Por PCMML

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