La Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML) reitera firmemente su decidida condena a la agresión cometida por el imperialismo estadounidense contra Venezuela y su pueblo.

La CIPOML llama a las organizaciones revolucionarias, a la clase obrera y a los pueblos del mundo a extraer las experiencias y lecciones necesarias de estos trágicos acontecimientos, cuyas consecuencias aún se están desarrollando.

Venezuela en el marco de las contradicciones interimperialistas

Este acto terrorista revela, ante todo, la profundización del carácter agresivo, expansionista y depredador del imperialismo estadounidense, inscrito en una estrategia definida por sus élites gobernantes para sostener su hegemonía global, recuperar áreas de influencia mermadas en el tiempo y expandirse hacia nuevas zonas en el mundo. Dicha orientación se encuentra formulada en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, difundida por el gobierno estadounidense a finales de ese año.

En esa misma lógica de agresión imperialista, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, así como el asesinato de un centenar de hombres y mujeres, entre las que se cuentan civiles, se configura como un acto de bandidaje internacional que viola de manera flagrante el Derecho Internacional y constituye un ataque directo a la independencia y la soberanía de Venezuela. Nada puede justificar una acción de esta naturaleza por parte del gobierno de Donald Trump, que solo puede merecer el más enérgico repudio y la condena solidaria de los trabajadores y los pueblos del mundo.

El ataque estadounidense contra Venezuela y los acontecimientos actuales no pueden comprenderse plenamente si no se analizan en el marco de las crecientes luchas y contradicciones interimperialistas que, como ejemplo, tienen como un de sus puntos críticos la guerra en Ucrania, protagonizada principalmente por Rusia, Estados Unidos y las potencias europeas.

¿Puede separarse el ataque estadounidense contra Venezuela —inmediatamente seguido por incentivos a los monopolios petroleros para invertir y producir en el país— del hecho de que, hasta hace poco, China absorbía más de la mitad del petróleo venezolano exportado y se erigía como su principal socio comercial? ¿Es posible desconocer que China ha otorgando préstamos a Venezuela que superan los 70 000 millones de dólares, consolidándose como su máximo aval financiero?

¿Se puede ignorar que ese mismo vínculo con China ha sido un elemento esencial del engranaje energético venezolano, con Beijing como comprador central de crudo y socio estratégico en financiamiento y comercio?

¿Puede entenderse la amenaza estadounidense contra Panamá sin vincularla a la cesión de control de importantes puertos vinculados al Canal —estructuralmente decisivos desde un punto de vista comercial y militar— a capitales chinos, en un contexto de competencia por influencias geoeconómicas?

¿Se pueden explicar los ataques, sanciones y presiones contra Irán sin considerar el flujo de petróleo hacia China, las estrechas alianzas de Teherán con Pekín y Moscú, y la relevancia de esos vínculos para la rivalidad global entre bloques de poder?

Y finalmente, ¿pueden comprenderse las amenazas estadounidenses contra Dinamarca por Groenlandia —una región rica en tierras raras y otros recursos críticos con implicaciones directas para la Unión Europea y las cadenas de suministro de semiconductores— sin situarlas en el corazón de la disputa imperialista por recursos estratégicos, presencia geopolítica y control tecnológico frente a China y los imperialistas europeos?

El declive que experimenta el imperialismo estadounidense y el ascenso de China como potencia que disputa la hegemonía de los EEUU tienen fuerte incidencia en el desenvolvimiento de las contradicciones interimperialistas. China se ha convertido en el principal acreedor, inversionista extranjero y socio comercial en todos los continentes, incluida América Latina, relegando a Estados Unidos a un segundo plano. Los productos industriales chinos inundan casi todos los países, mientras que el dólar pierde progresivamente su papel como moneda internacional dominante. Con Trump, el imperialismo estadounidense ha optado por una política de fuerza para frenar su declive y bloquear el ascenso de China.

Aunque Estados Unidos continúa siendo la principal potencia económica mundial, enfrenta crecientes dificultades para confrontar y contener a sus rivales estratégicos. Su gasto militar supera, por sí solo, al de los nueve países que le siguen en conjunto. Amparado en esta abrumadora superioridad bélica, el imperialismo estadounidense busca desplazar y debilitar a sus competidores en regiones ricas en petróleo, minerales y otras materias primas estratégicas, donde estos han consolidado inversiones y ampliado sus vínculos comerciales. En ese marco, intenta forzar a su principal rival, China, ya sea a aceptar una relación de subordinación o a precipitar una confrontación anticipada que aún no está en condiciones de ganar.

El silencio frente a la agresión estadounidense no solo agravaría las dificultades de sus rivales en los ámbitos energético, de materias primas, inversión y comercio, sino que además erosionaría la credibilidad de gobiernos como los de Venezuela e Irán, con los que dicen mantener «buenas relaciones». Esta pasividad, lejos de contenerla, no haría sino estimular aún más la agresividad del imperialismo estadounidense.

El recrudecimiento de la agresividad del imperialismo estadounidense está provocando, al mismo tiempo, una agudización de las contradicciones entre los pueblos oprimidos y los países dependientes frente al imperialismo, así como de las contradicciones de clase entre la burguesía y la clase obrera, en la medida en que cada una de ellas adopta posiciones claramente diferenciadas ante los acontecimientos en curso.

La Nueva Ofensiva Imperialista

La CIPOML advierte que los intentos renovados de las potencias imperialistas—encabezadas por el imperialismo estadounidense—de redividir el mundo en zonas de control, dominación y explotación entrañan peligros extremadamente graves para los trabajadores, los pueblos y las naciones. Este proceso constituye una ofensiva destinada a aplastar las luchas de los pueblos por su liberación social y nacional, y profundiza el riesgo de una nueva guerra imperialista.

Junto a la agresión militar y política, la ofensiva imperialista está activando proyectos políticos abiertamente fascistas y neofascistas que ganan influencia a escala mundial.

Imperialismo, guerra y engaño

Los pueblos del mundo confirman, una vez más y a través de dolorosas experiencias, que cuando las potencias imperialistas hablan de paz, en realidad se preparan para nuevos escenarios de guerra y agresión. Estas maniobras tienen como objetivo someter a los pueblos y naciones, saquear sus recursos y engrosar las ganancias del complejo militar-industrial imperialista.

Ningún país imperialista —más allá del engaño de aparentar apoyo con fines de respaldo táctico— acudirá en apoyo de las luchas de los pueblos por la democracia, la libertad y la verdadera independencia. Pese al agravamiento de sus contradicciones y conflictos internos, las potencias imperialistas logran siempre alcanzar acuerdos cuando se trata de salvaguardar los intereses del gran capital y de sabotear las luchas de liberación nacional y social.

Las tareas de la clase obrera y los pueblos

En este complejo escenario, en el que una vez más queda en evidencia la incapacidad histórica de la burguesía en la lucha contra el imperialismo, la CIPOML subraya una vez más que la única fuerza capaz de frustrar la agresión imperialista es la lucha organizada de los pueblos, bajo la dirección de la clase obrera, por un orden democrático de liberación social y nacional con perspectiva socialista.

Urge fortalecer el trabajo de unidad con las fuerzas sociales y políticas interesadas en hacer frente al imperialismo; trabajar por el desarrollo de un amplio frente antiimperialista y antifascista mundial; levantar la lucha contra la guerra, por la paz y la solidaridad internacional de los pueblos; contra la violencia generada por el sistema imperante.

La unificación y movilización de todas las fuerzas y sectores democráticos, tanto a nivel nacional como internacional, constituyen una tarea de primer orden.

Hoy, la condena a la agresión estadounidense y la solidaridad con los trabajadores y el pueblo de Venezuela adquieren una importancia especial.

 

¡No intervención imperialista en Venezuela!

¡Viva la lucha de los trabajadores y el pueblo venezolano por su liberación social y nacional!

 

Comité Coordinador

Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas — CIPOML

 

Enero de 2026

 

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Por PCMML

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