La degradación del lenguaje, una condición para el dominio del Capital

La crisis general del modo de producción capitalista se expresa en todos los ámbitos de la vida social y en cada una de las prácticas de los seres humanos. El lenguaje no constituye la excepción. En los últimos lustros en que se ha profundizado la crisis de la estructura económica capitalista ha estado presente un proceso de involución de la lengua castellana y de otros idiomas. A ello contribuyen los medios de condicionamiento de masas, principalmente la televisión, el cine, la radio y la música comerciales, así como las nuevas tecnologías con las que se han modificado las formas de expresión, caracterizándose por un léxico cada vez más empobrecido y degradante que se traduce en una creciente pobreza intelectual y cultural. Diversos estudios muestran que la cantidad de palabras utilizadas en algunos sectores es actualmente 30% menor en comparación con la cantidad utilizada hace cuatro décadas, de ahí la decreciente capacidad de comprensión y expresión de los individuos. No sólo es menor el número de conceptos que permiten al sujeto expresarse, sino que los términos mismos con los que se construye su expresión verbal se inscriben en un discurso que le ha sido introyectado a través del control ideológico que sobre él se ejerce y con el cual reproduce la ideología burguesa dominante.

En la etapa actual y última del desarrollo del capitalismo, el capital requiere para mantener su dominio, profundizar un proceso de degradación del sujeto que le impida comprender la realidad y como consecuencia transformarla. Es en este sentido que el deterioro en el lenguaje resulta funcional a los intereses del capital; se trata de deteriorar las capacidades intelectuales y la sensibilidad de las masas, de embrutecerlas para inhibir de esta manera una reacción consciente de las mismas frente a la creciente explotación a que se les somete; el propósito es envilecer para mantener el dominio.

Los procesos conscientes tienen lugar también En términos del lenguaje. No hay conciencia al margen del lenguaje, de ahí que la degradación del lenguaje signifique un deterioro profundo de la conciencia.

En tanto la comunicación entre los seres humanos se verifica a través del lenguaje, su empobrecimiento tiene como consecuencia el envilecimiento de las relaciones sociales y de los vínculos entre los sujetos. Nos encontramos frente a la generalización de expresiones en la lengua que conllevan un proceso de creciente deshumanización de las relaciones entre los individuos, ello en la medida en que dichas expresiones confieren al sujeto con el que se habla o del que se habla el carácter de objeto.

La construcción de las condiciones subjetivas del proceso revolucionario pasa por el desarrollo de la conciencia de clase del proletariado. Ello tiene como condición su distanciamiento de las distintas formas con las que se degrada el lenguaje, así como la estructuración de un discurso fundado en los principios del materialismo dialéctico que encarne los intereses y la perspectiva de la clase obrera y las masas explotadas.

 

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