Depresión económica y el reto de ser madre trabajadora en México

Sin lugar a dudas, uno de los sectores sociales más golpeados por la depresión económica y la pandemia por Covid-19 son las mujeres, madres proletarias. Sin caer en el romanticismo o en el feminismo dogmático, es necesario señalar que, sea en el campo o en la ciudad, gran parte del peso moral y afectivo, el mantenimiento del hogar y la administración económica de la familia recae en quien irónicamente es llamada “ama de casa”.

     Denominada despectivamente y considerada por la cultura capitalista como el “sexo débil”, en pleno siglo XXI la mujer sigue siendo objeto de discriminación laboral y salarial, coerción y acoso sexual, limitándole sus libertades democráticas y derechos políticos. En la esfera doméstica, muchas mujeres siguen siendo víctima de agresión verbal y violencia física, de una sobrecarga de trabajo no reconocido ni remunerado.

     En la presente coyuntura, el sistema capitalista ha aprovechado la emergencia sanitaria para imponer nuevas formas de explotación de la fuerza de trabajo. Una de estas formas, el teletrabajo o Home Oficce, convirtió los hogares en centros de trabajo, oficinas, aulas escolares, espacios de juego y recreación, clínicas de terapias psicológicas y talleres de asesoría pedagógica, donde la mujer está obligada a jugar simultáneamente el papel de trabajadora asalariada, madre, maestra, psicóloga, empleada doméstica y hasta enfermera frente al contagio de familiares. 

     En medio de esta patética realidad, este sector cuantitativamente importante de la clase explotada ha venido rompiendo estereotipos y jugando un papel cada vez más protagónico en la exigencia de sus reivindicaciones inmediatas y en la confrontación de clase que se desarrolla en México. En fechas emblemáticas, calles, plazas y oficinas han sido cubiertas de protesta femenina.

     Ante la debilidad de una alternativa organizativa con perspectiva revolucionaria, los combates callejeros en defensa de las estancias infantiles, contra la precarizació

n laboral, la violencia doméstica y los feminicidios, han sido explotados por el oportunismo de derecha e izquierda para quitarle el filo popular y revolucionario, reduciendo la legítima protesta en acciones espontáneas, sectarias y caóticas. 

     La despenalización del aborto en México, resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) el 7 de septiembre de 2021, se constituye en un triunfo de las mujeres en la lucha por sus derechos políticos y por la vida. Debe quedar claro que no es una concesión de la burguesía y su sistema de explotación, es el resultado de la lucha que han desarrollado en las calles enfrentando la persecución, la cárcel y la muerte por tomar la difícil decisión de abortar.

     En medio de la depresión económica y sanitaria, de la confusión ideológica generada por los ideólogos de la 4T, los revolucionarios y comunistas estamos obligados a voltear la mirada y acompañar la lucha de las mujeres para combatir juntos a la reacción que pretende sustraerla de la lucha de clases y reducirla a la lucha contra el “sistema patriarcal” o de “genero”. Si la explotación no distingue sexo, raza o credo, la emancipación de la mujer no puede darse por separado de la lucha de la clase oprimida por una sociedad sin explotados ni explotadores.

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