Durante el lapso de tiempo que ha durado la pandemia, alrededor de 35 comités ejecutivos seccionales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) han vencido sus períodos de gestión; los relevos de las representaciones sindicales han generado interés y expectativas en buena parte del magisterio nacional.

     Los charros encabezados por Alfonso Cepeda se jactan de que, con el “voto universal”, impulsan procesos democráticos. Sin embargo, el reglamento para la elección de directivas seccionales del SNTE está hecho a modo para favorecerlos, más aún ahora que se han declarado “Ejército Intelectual de la Cuarta Transformación”.

     Los trabajadores de la educación democráticos que han decidido participar en la disputa de las dirigencias seccionales, se han topado con el suelo disparejo, con las trampas y métodos coercitivos de siempre y con las ventajas que les dan a los charros del SNTE el control sobre las cuotas y las estructuras sindicales. Baja California, Sinaloa, Nuevo León y Tlaxcala, dan cuenta de esta práctica mafiosa del charrismo sindical.

     Por su parte, los grupos charros desplazados, elbistas y jonguitudistas que aspiran volver a ser los representantes del magisterio para permanecer fuera de las aulas, repiten las añejas promesas de siempre, desligadas de las verdaderas necesidades y demandas de los trabajadores de la educación.

     En las secciones donde se han desarrollado procesos de relevo, los trabajadores de base sólo han tenido ante sí opciones que las mediatizan y las han puesto a la disposición del control, la manipulación y la obediencia a ciegas para someterse a las condiciones del gobierno neoliberal que ha dado continuidad a la mal llamada reforma educativa. Ninguna planilla sujeta al Reglamento del SNTE plantea la recuperación del papel del sindicato como defensor de los derechos laborales, ni la restitución de la bilateralidad laboral en los procesos de cambios y ascensos, aceptando de facto el papel de observador que le ha asignado el Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (SICAM).

     Estas direcciones seccionales charras le han garantizado al gobierno que no haya inconformidad frente a las evaluaciones para ingreso y promoción, que no se genere una verdadera posición de lucha para recuperar lo perdido como la jubilación a los 27 y 30 años de servicio (mujeres y hombres respectivamente), el escalafón, la pensión solidaria e intergeneracional.

     Por todo lo anterior, quienes participan con la CNTE y tengan condiciones de pelear por la representación estatutaria deberán posicionarse como una real alternativa para cambiar la situación actual del magisterio. El programa y la plataforma deberá partir de la lucha por el rescate de los derechos y conquistas perdidas por el entreguismo charril, la exigencia del pago de las pensiones en salarios mínimos, el rechazo a las normas de la USICAM y el rompimiento del régimen de excepción laboral.

     La unidad, como base fundamental de estos procesos, tendrá que darse desde las bases con quienes asuman un real compromiso de luchar por la democratización del SNTE, con quienes hagan suya la táctica de la Coordinadora Nacional y que estén convencidos de que, gobierne quien gobierne, sólo la lucha en las calles y plazas puede garantizar el respeto a nuestros derechos y la solución a nuestras demandas.

     La lucha por el rescate de las representaciones estatutarias se constituye en el eje principal sobre el que debe girar la construcción de un sindicalismo de clase, democrático y asambleísta; un sindicalismo que retome lo jurídico, lo político y lo pedagógico en la escuela, en las calles y plazas públicas; un sindicalismo que ligue su lucha a la de los hombres y mujeres asalariados del campo y la ciudad que, al igual que nosotros, exigen pan, trabajo, salud, educación, vivienda y justicia.

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Por PCMML

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