Tras la independencia de México, el imperialismo gringo sometió al país a nuevas formas neocoloniales vinculadas al desarrollo del capitalismo del país del norte, donde nuestro territorio patrio quedó estructurado en una nueva división internacional del trabajo. El Sureste mexicano se convirtió prácticamente en una nueva frontera donde una masa importante de desposeídos indígenas malvive formando un ejército industrial de reserva que abarata los salarios para mantener la cuota de ganancia del capitalista en turno.

Sin embargo, hoy, el mundo imperialista neoliberal reclama los territorios del sureste de México para
vincularlos a los nuevos tiempos: las reservas en materias primas como uranio o petróleo, las refinerías
que transmutan el oro negro en gasolina, la biodiversidad imperante en las selvas tropicales, el proyecto
de Corredor Transístmico que garantice la continuidad del obsoleto Canal de Panamá – rivalizando con
los imperialismos chino y ruso que podrían controlar uno en Nicaragua, el viejo sueño del filibustero yanqui William Walker – para enlazar la Vieja Europa con la Lejana Asia a través de los océanos Atlántico y Pacifico, son parte de la agenda básica que el imperialismo estadounidense tiene trazado para esta parte de nuestra nación, en el marco de un enfrentamiento, cada vez más caliente, entre metrópolis imperialistas que, nuevamente, ponen de manifiesto la certeza de las tesis de Vladimir Lenin.

El control del territorio por los imperialistas y sus aliados se está dando a pasos agigantados. Ayer la Guardia Nacional de la 4T garantizaba el Muro de Trump en la frontera sur y, por tanto, el flujo del ejercito industrial de reserva del sur hacia el norte, con la coletilla de tragedias que acarrea; al día de hoy, la vanguardia de choque de los imperialistas gringos, formada por los ejércitos de la Delincuencia Organizada, armada hasta los dientes por el vecino del norte, amedrentan y dominan poblaciones enteras, buscando sustituir las viejas formas organizativas indígenas zapatistas en Chiapas por la política del miedo.

Hoy más que nunca la vieja alianza entre el proletariado y el campesinado pobre, bajo la Asamblea del Proletariado y los Pueblos de México es la única garantía viable a la supervivencia de las clases populares.

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Por PCMML

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