El pacto de impunidad del nuevo gobierno con la “Mafia del Poder”

Quienes salimos a votar de manera masiva este pasado 1 de julio, lo hicimos hartos de la política capitalista imperialista de explotación, saqueo y opresión a los trabajadores y pueblos de México.

El contenido del programa obradorista nunca prometió un cambio de fondo al sistema, siempre se mantuvo en los márgenes del capitalismo planteando cambios cosméticos, pero es cierto también que su propuesta se fue derechizando en forma y fondo. Por un lado, manteniendo y profundizando el blanco de sus críticas en la corrupción y abiertamente descartando la explotación asalariada, base del sistema. Por otro lado, sus aliados e integrantes de equipo se fueron distinguiendo por ser parte del mismo régimen al que decía enfrentar.

El nuevo gobierno es necesario para la gran burguesía mexicana, a quien ya no le era posible mantener su dominación bajo el mismo esquema, además, la inconformidad social de la clase obrera y los pueblos de México podía desbordarse de no encontrar “salida” en los márgenes del mismo sistema. Sumado a esto están los ajustes internos de clase, donde unos grupos de la oligarquía desplazan a otros, sin que esto cambie el fondo de las cosas.

Así por ejemplo se puede seguir el papel de Carlos Slim y la relación con López Obrador, que más allá de declaraciones, siempre se han mantenido en colaboración, desde su intervención en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ya en el último periodo y después de desencuentro sobre el nuevo aeropuerto, López Obrador se refirió a Slim con la siguiente declaración: “Termino diciéndole un gran reconocimiento a un ingeniero que, con esfuerzo, con su imaginación, con su talento, es un ejemplo en México y en el mundo por ser uno de los empresarios más exitosos: Carlos Slim”.

El nuevo gobierno no tiene ninguna intención de romper de tajo con la política implementada por los gobiernos anteriores ni perseguir a los responsables del saqueo y grandes negocios ilegales de los que se beneficiaban; pero aún goza de “bono democrático” y hay importantes sectores de masas que no ubican aún el problema. Toca a los comunistas, a los revolucionarios y demócratas consecuentes tener la máxima paciencia en explicar esta política antipopular y organizar la resistencia y combate contra la explotación asalariada, y el saqueo de nuestros recursos.

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