Las condiciones laborales de los trabajadores de la Ciudad de México en el gobierno de la 4ª T

El Gobierno de la Ciudad de México, mantiene relaciones con más de 300 mil trabajadores de los cuales sólo unos 140 mil cuentan con sindicatos, es decir con prestaciones de ley, sin que el resto cuente con ellas ni con las prerrogativas de un trabajador de base, siendo aún peor es que hay un aproximado de 40 mil trabajadores sin seguridad social y con salarios de miseria, contratados de manera irregular, sin que tengan asegurado siquiera el ningún porvenir laboral.

Pero lo que más les satisface es el aspecto de la elección de las dirigencias sindicales, ya que ahora se supone que podrá ejercerse el derecho al voto personal, libre, universal y secreto para elegir a las dirigencias sindicales, que aplauden como el garante de democracia sindical.

Hay que recordar que el primer paso para la reforma laboral, se dio cuando el senado ratificó el Convenio Internacional número 98 de la Organización Internacional del Trabajo, respecto de la libre sindicalización y la negociación colectiva.

Sin embargo, acabamos de ser testigos de cómo la intromisión gubernamental, marcó la ruta de renovación de la directiva del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México, asi, de qué sirve que la Ley establezca el voto directo de la base si prevalecen los mismos métodos y los acuerdos con los grupos charros en contubernio con el gobierno para tener una dirigencia sindical a modo.

En el Gobierno de la Ciudad de México, aspectos nodales de la legislación laboral no se cumplen, anteponiendo lineamientos, que por si fuera poco se sobreponen a la misma ley.

Así podemos ver, por ejemplo, cómo se nulifica el precepto que establece que “a trabajo igual corresponde salario igual”, dando lugar a la aplicación de una de las tesis neoliberales recomendadas por el Banco Mundial al Gobierno mexicano el de la “Flexibilidad laboral”.

Otro de los rasgos, está en materia salarial; como sabemos a la reforma, le precedió un anuncio oficial de incremento al salario mínimo del 36%, en dos tiempos, aspecto que para nada impactó en los salarios contractuales de los asalariados del país, asi, el incremento solo fue una plataforma de carácter mediático puesto de relieve al observar las bondades del nuevo gobierno.

A simple vista todo esto parece lleno de bondades, lo malo es que todo se hace dejando intactas las relaciones de trabajo perniciosas (solo cambian la parte procesal para el caso de demandas), que tienden hacia la individualización de la relación entre obrero y patrón, la flexibilización del trabajo que trae siempre más beneficios a los intereses del patrón y que vía la eliminación de catálogos de puestos y/o tabuladores salariales busca dejar intactas la polivalencia laboral y la extensión de la jornada de trabajo.

En este orden de cosas vemos cómo los despidos injustificados son una constante, por un lado, no siguen el procedimiento de ley y siempre surgen por capricho de quienes administran el trabajo que con dicho puesto se sienten “amos y señores” para disponer de los trabajadores cómo y cuándo se le ocurra.

En uno de sus doce puntos de compromiso electoral la Doctora Sheinbaum, que mal gobierna, señaló respetar los derechos de los trabajadores, pero al encontrar a miles de trabajadores sin derechos laborales, es incapaz de incorporar a todos, al derecho de universalidad de prestaciones dejando en el desamparo a miles.

En conclusión: la política laboral del gobierno capitalino, no es más que pura simulación, sin garantías de respetar la ley y donde las medidas tecnócratas son la salida fácil para justificar el incumplimiento de la ley y de los ordenamientos judiciales.

El único camino que tenemos los trabajadores es intensificar la organización y la movilización. Las condiciones que nos imponen el gobierno hacen vigente la premisa de la organización sindical y su Partido Marxista Leninista; el régimen insiste en la aplicación de medidas tendientes a precarizar el trabajo y a encarecer el costo de la vida, lo que también pone de relieve la necesidad de la unificación de las luchas. En este sentido como trabajadores hemos estado luchando desde hace ya un buen rato vinculándonos al movimiento, sosteniendo encuentros políticos y de lucha, hasta coordinando jornadas, lo que hermana nuestros esfuerzos.

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