El “moderno sistema de esclavitud” en el que vivimos define a las personas como bienes muebles. Las mujeres, no menos que los hombres, son considerados unidades de fuerza de trabajo económicamente rentables.

La actitud de los propietarios hacia las mujeres esclavizadas está regida por un criterio de conveniencia: cuando interesa explotarlas como si fuera hombres, son contempladas, como sino tuvieran género; pero, cuando pueden ser explotadas, castigadas y reprimidas de maneras únicamente “aptas para las mujeres”, son reducidas a su papel femenino.

Esta actitud es una afirmación para poseer la propiedad privada, es ley de la fase imperialista la apropiación desmesurada, la disputa por la conquista de más y más; la violencia para intervenir, figurar como la máxima hegemonía, resulta inevitable que esta condición no repercuta en la mentalidad y actuar, que no se exprese en la conciencia social de los desposeídos en la medida que sus condiciones de vida son más precarias por más esfuerzos que realicen para sobrevivir.

Las violaciones a los derechos humanos, entre ellas, la privación de la vida, son la expresión descarada del dominio económico del propietario y del control de las mujeres como trabajadoras por parte del capataz. Entendemos entonces que los “especiales” abusos infligidos sobre las mujeres facilitan la explotación económica despiadada de su trabajo.

Las relaciones sociales de dominación bajo el sistema capitalista son las que permiten que las violaciones sirvan como arma de dominación y de represión, cuyo objetivo encubierto es ahogar el deseo de resistir y luchar de las mujeres, cuando éstas luchan contra la dependencia económica, cuando se organizan para combatir la opresión, la explotación, dejan de ser botín de guerra, territorio de conquista, propiedad privada, para convertirse en ejército de cambio social.

Para hacer frente a los feminicidios en nuestro país, la participación política de las mujeres es fundamental en todos los escenarios que hemos conquistado, abriendo puertas que hasta ahora se nos niegan. El poder decir, decidir y hacer; depende fundamentalmente de la capacidad del pueblo esclavizado para hacerse del poder económico, solo así podrá verdaderamente emanciparse. Luego entonces, revertiremos las relaciones sociales actuales.

“NO NOS RENDIMOS, LA TRANSFORMACIÓN REVOLUCIONARIA TODAVÍA ES POSIBLE”
Angela Davis

Partido Comunista de México (marxista-leninista)

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Por PCMML

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