El año pasado dos sismos impactaron en la vida de los mexicanos, el 7 de septiembre por la noche a las 23:49 hrs. de 8.2 grados en la escala de Richter con epicentro en Pijijiapan, Chiapas; y 19 de septiembre del 2017, 13:14:40 horas, con magnitud de 7.1 grados en la escala de Richter, con epicentro: 12 km al sureste de Axochiapan, Morelos. De ellos se sucedieron 6 mil 600 réplicas en el transcurso de los meses.

Los estados mayormente afectados fueron Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Tabasco, Puebla, Tlaxcala, Morelos y la Ciudad de México. El 29 de septiembre del 2017 se emitió un informe preliminar del INEGI, faltaron en el levantamiento de datos algunos estados que si bien no sufrieron daños graves si son cuantificables.

http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2017/afectaciones/afectaciones2017_09.pdf

También, el 27 de septiembre del año pasado el gobierno federal presentó de manera pública un balance preliminar de daños por los sismos que ascendía a 38 mil millones de pesos. Repartidos en infraestructura escolar, destrucción de viviendas, patrimonio cultural y otros.

La respuesta de los de arriba y la respuesta de los de abajo

Instantes después de los sismos en ambas fechas los vecinos y familiares fueron los primeros en reaccionar, se organizaron grupos grandes y pequeños para ayudar en el rescate, ofrecer alimentos, cuidar a menores y se armaron campamentos momentáneos para alojar a los afectados. Las imágenes hablan por sí solas, a quienes se veía por miles acarrear piedras eran a los trabajadores, la clase de los proletarios asumió su defensa y solidaridad ante la tragedia.

La clase gobernante de inmediato se movilizó, Enrique Peña Nieto hizo presencia el 8 de septiembre en el Istmo de Oaxaca, varias veces mas lo hizo con todo su sequito afirmando la ayuda para los damnificados. Pero sin lugar a dudas lo que prevaleció fueron los apetitos políticos para posicionarse ante las tragedias: tal fue el caso del entonces Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong quien en medio de la tragedia y en un punto céntrico de la Ciudad de México daba una conferencia de prensa afirmando que el gobierno ya estaba ayudando, pero inmediatamente fue replicado por el propio pueblo que se encontraba levantando escombros; o el caso de las despensas en Morelos, la esposa del gobernador Graco Ramírez condicionaba la ayuda y no permitía que personas entregaran directamente los apoyos a los damnificados, se acusó al gobierno de la entidad de robo de despensas. En el Istmo los damnificados acusaron que los se habían partidizado y que solo los afines al PRD estaban recibiendo la ayuda.

Con lo que la clase en el poder lucraba políticamente era con la solidaridad económica y en especie que miles de trabajadores del país y el mundo mandaron para ayudar a los que habían sufrido aquella tragedia.

Los partidos políticos ante la presión mediática en redes sociales se vieron en la necesidad de declarar que del presupuesto que les tocaba iban a “donar” un porcentaje, lo cierto es que a la fecha no hay evidencias contundentes de dicha ayuda. Durante el proceso electoral los propios partidos electoreros hicieron campaña con despensas que estaban etiquetadas para damnificados.

Del Fondo Nacional de Desastres se hizo uso faccioso y partidario, en las zonas mas afectadas se anunciaron apoyos económicos de hasta 150 mil pesos, lo cual es ínfimo para los damnificados que lo perdieron todo; y pasando un año muchas familias aun no reciben el apoyo gubernamental. En el caso de las obras sociales tanto en carreteras, aulas, edificios públicos, etc. todas las obras no fueron licitadas públicamente se entregaron directamente a los amigos de los funcionarios de las diferentes estructuras del gobierno.

Y en el colmo del cinismo, el caso que quedará en la memoria del pueblo mexicano es la creación de la niña Frida Sofía obra de televisa con el fin de ganar más seguidores.

La tragedia del año pasado evidenció la verdadera naturaleza del proletariado y la burguesía.

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Por PCMML

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