La Revolución de Octubre: sus enseñanzas sobre la cuestión nacional y de las nacionalidades | Burkina Fasso

La Revolución de Octubre de 1917 abrió una nueva era de la humanidad: la toma del poder por el proletariado, y la construcción del socialismo mediante la dictadura del proletariado.

Fue la primera experiencia victoriosa de la toma del poder por la clase obrera al frente de los trabajadores, del campesinado y otras capas populares. El proletariado y el pueblo mediante la insurrección armada derrocaron al régimen zarista y a la burguesía rusa, aliada de las potencias en la guerra imperialista que había sumido a los pueblos en una matanza en beneficio de los intereses de los monopolios y los traficantes de armas.

La Revolución de Octubre, dirigida magistralmente por el Partido Bolchevique de Lenin y Stalin, lanzó al país a profundas transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales. Entre los espinosos problemas resueltos a la luz del marxismo–leninismo, figura la cuestión nacional y de las nacionalidades.

¿Qué principios guiaron a los bolcheviques en la lucha contra el régimen zarista, la burguesía y las corrientes oportunistas, por la liberación de las diferentes nacionalidades que componían la Rusia central y las regiones periféricas, para asegurar su liberación y después la unidad en el seno de la República Socialista Federativa de Rusia?

¿Qué enseñanzas puede sacar el Movimiento Comunista Internacional de la rica experiencia de la resolución de la cuestión nacional y de las nacionalidades, por el partido comunista bolchevique?

La atención a los principios leninistas sobre esos problemas fundamentales elaborados por Lenin y Stalin, creemos que es indispensable para comprender, de entrada, la importancia de la Revolución de Octubre sobre la cuestión nacional y de las nacionalidades.

 

1) Las posiciones teóricas del marxismoleninismo sobre la cuestión nacional

 

Son posiciones ligadas a las tesis de Lenin sobre las consecuencias de la emergencia y desarrollo del imperialismo en el plano internacional como consecuencia de la lucha entre los monopolios y las potencias imperialistas por la exportación de capitales y la conquista de los mercados en las colonias. De ahí surge el dominio de los países colonizados de África, de Asía, de América latina, la explotación y opresión de la clase obrera y de los pueblos de esos países. Esa dominación priva a los países de la soberanía nacional, de su integridad territorial y mantiene a los pueblos en el atraso económico, social y cultural. Estas características políticas, económicas y sociales determinan el contenido táctico y estratégico de la revolución en esos países, concretamente sobre la cuestión nacional. Stalin plantea con claridad las posiciones de la doctrina del proletariado como sigue: «El leninismo liga la cuestión nacional al problema de las colonias. De ahí que la cuestión nacional como problema particular, interno a los Estados, se transforma en un problema general e internacional, de cuestión particular, adherente al Estado, en un problema general e internacional, el problema universal de la liberación de los pueblos oprimidos de los países dependientes y de las colonias sojuzgadas por el imperialismo.»[1][1]

Stalin precisa, además: «El leninismo ha ampliado el concepto de la libre disposición al interpretarlo como el derecho de los pueblos oprimidos en los países dependientas a la separación completa en tanto que derecho de las naciones a existir en tanto que Estado nacional independiente».

Estos principios elaborados sobre la base de las condiciones históricas concretas, se han aplicado en la lucha frontal contra las posiciones social–chovinistas de los oportunistas de la segunda internacional que influenciaba negativamente al proletariado y las masas durante la guerra imperialista. Esos elementos oportunistas se movilizaban al servicio de los intereses de la burguesía so pretexto de la defensa de la patria…

La Revolución de Octubre dirigida por el partido comunista bolchevique, destruyó en la práctica esas concepciones chovinistas y abrió nuevas perspectivas al proletariado y a los pueblos; golpeó duramente a la burguesía, destruyó de cabo a rabo el sistema capitalista y creó las condiciones para resolver correctamente la cuestión nacional y de las nacionalidades en la Rusia central y vastas periferias oprimidos durante largos años bajo el yugo del zarismo y de la burguesía. Esas regiones periféricas eran principalmente Ucrania, Azerbaiyán, Turkestán… La conquista del poder, la destrucción violenta del Estado burgués y la instauración de la dictadura del proletariado, crearon las condiciones indispensables para arreglar la cuestión nacional y de las nacionalidades. El zarismo y la burguesía utilizaron el arma de la división de la clase obrera y de los pueblos en un contexto de opresión y de explotación feroz. «El zarismo cultivaba a fondo a la periferia, la opresión patriarcal, feudal, para mantener a las masas en la esclavitud y en la ignorancia. El zarismo, instaló conscientemente en los mejores lugares de la periferia, a los colonizadores, con el objeto de relegar a los indígenas hacia las regiones  más agrestes y reforzar el odio nacional.[2][2] la Revolución de Octubre abrió la vía para instaurar condiciones políticas, económicas, sociales y culturales para el desarrollo de las nacionalidades y la igualdad entre ellas, tanto en la teoría como en la práctica. El partido comunista llevó a cabo la lucha para extirpar la pesada herencia chovinista gran rusa y su in fluencia negativa incluso después de la revolución. Igualmente llevó a cabo, un arduo trabajo de educación y persuasión entre los pueblos de las regiones periféricas imbuidas de desconfianza y hostilidad hacia los rusos. Ese trabajo se llevó a cabo apoyándose en los resultados del progreso material y social de una política económica consecuente, bien pensada. Esos pueblos vieron, concretamente, la liquidación de los antiguos privilegios coloniales, vieron la puesta en práctica de medidas para el desarrollo cultural nacional, el teatro nacional, la instrucción pública en la lengua nacional, presente igualmente en todas las esferas de la administración.

Esos logros estaban en el programa del partido comunista que los formulaba claramente, entre otros, el siguiente: «el proletariado de las naciones opresivas, debe prestar una atención particular hacia la pervivencia de restos de sentimientos nacionales entre las masas trabajadoras de las naciones oprimidas, o que no gozan plenamente de sus derechos».

La construcción del socialismo demostró, la capacidad de los comunistas para impulsar y organizar la coexistencia de las diversas nacionalidades y minorías étnicas en el seno de un Estado proletario único, apoyándose en la confianza mutua y el compromiso libremente consentido. Esta experiencia, inédita, demostró la superioridad del sistema socialista sobre el sistema capitalista en la resolución de la cuestión nacional y de las nacionalidades. El sistema imperialista, con la lógica de la opresión nacional, agudiza sentimientos xenófobos y racistas para dividir a la clase obrera y a los, pueblos a fin de mantener su dominio. Es un sistema que alimenta los períodos de agravación extrema de la crisis, el fascismo, desarrolla la problemática nacional, como demuestra la historia. La Revolución de Octubre, como hemos, indicado anteriormente, amplió la cuestión nacional incluyéndola en el marco general de la liberación de los pueblos oprimidos de las colonias y semicolonias, contra el imperialismo.

Abrió grandes posibilidades y perspectivas ligando las luchas del proletariado de los países capitalistas desarrollados, a la revolución victoriosa en Rusia y la de los pueblos oprimidos en los países dominados. Participan en el proceso revolucionario a escala mundial y se apoyan mutuamente. Actualmente nos falta examinar las lecciones que podemos obtener de la Revolución de Octubre para las luchas del Movimiento Marxista–Leninista actual.

 

2) Las enseñanzas de la Revolución de Octubre para el Movimiento marxistaleninista actual

 

Después del triunfo de la Revolución de Octubre, pese al reflujo en diversos períodos del movimiento revolucionario mundial, concretamente la restauración del capitalismo en la ex URSS mediante la traición revisionista jruschovista; la derrota del socialismo en Albania, … seguimos viviendo en la época «del imperialismo y las revoluciones proletarias», «la época de las revoluciones coloniales en los países oprimidos del mundo, en alianza con el proletariado y bajo, la dirección del proletariado». (Stalin)

La lucha antiimperialista está, más que nunca al orden del día en el plano internacional, en un contexto en el que las rivalidades interimperialistas por el reparto de zonas de influencia y de los intereses geoestratégicos, provocan conflictos y guerras reaccionarias en numerosos países del continente. Un ejemplo vivo de esto, es Oriente Próximo con las intervenciones militares de las potencias imperialistas (EE.UU., la Unión Europea, Rusia), sus aliados (Irán, Turquía), en Irak y Siria, so pretexto de la lucha contra el terrorismo jihadista.

La profundización de la crisis del sistema imperialista es la fuente principal de la tensión, pues las diferentes potencias imperialistas, los monopolios, y los nuevos candidatos en la guerra de reparto de los territorios, con países como China, India, Brasil, Turquía, intervienen en los países dominados de Asia, África y América Latina, exportando capital, el saqueo de los recursos agrícolas y mineros, y la conquista de mercados.

Los organismos financieros internacionales, como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC), a sueldo de las potencias imperialistas, son instrumentos de agresión a la soberanía nacional y de regresión social y económica en los diferentes países en los que intervienen. Frente a la política de explotación y opresión a escala internacional, el proletariado y los pueblos llevan a cabo luchas multiformes e insurrecciones populares para liberarse de la dominación imperialista y por conquistar su liberación  nacional y social. Desde este punto de vista, el continente africano es un ejemplo palpable con el balance ampliamente negativo de las independencias formales de los años 1960, en el período colonial de los países dominados principalmente por el colonialismo francés, y administrados por clases y capas sociales reaccionarias aliadas que atraviesan una grave crisis. Esta crisis se manifiesta a diferentes niveles con consecuencias catastróficas.

El aparato de Estado neocolonial ha fracasado completamente y las instituciones instaladas se han desacreditado. En ciertas neocolonial ese aparato ha desaparecido en ciertos momentos, para dejar sitio a las bandas armadas (República Centroafricana, algunas regiones de la República Democrática del Congo, el Norte de Malí, etc.)

Las fuerzas armadas neocoloniales montadas, entrenadas, financiadas y equipadas por el imperialismo francés para paliar la negligencia de las clases y capas sociales reaccionarias, que son un pilar esencial de la dominación imperialista, atraviesan una crisis profunda (repetidos golpes de Estado militar, motines, etc.) todo ello son un factor de inseguridad para los pueblos africanos.

Las guerras civiles reaccionarias, las crisis post electorales que resultan por la lucha entre los diferentes clanes burgueses por el control del aparato de Estado, más la injerencia de las grandes potencias imperialistas, tienen en consecuencia situaciones dramáticas:

  • Los proyectos de desarrollo comprometidos:
  • Los derechos humanos son violados masivamente;
  • La clase obrera y los pueblos están abocados a una miseria grande y a la falta de seguridad;
  • La explotación y opresión capitalista se refuerza y los recursos naturales son saqueados.
  • Incapacidad de las burguesías reaccionarias para resolver correctamente la cuestión nacional en el marco de Estados en los que cohabitan diferentes nacionalidades.

El imperialismo francés, en el período colonial ha utilizado el principio de dividir para reinar, para asegurar su dominación sobre los pueblos de las colonias, y después de las neo colonias. Por ejemplo:

  • Después de las guerras de conquista colonial, se trazó arbitrariamente las fronteras de las diferentes colonias. Según sus intereses, ciertas colonias fueron desmanteladas para reforzar a otras, y luego las reconstruyeron. Fue el caso de Alto Volta, suprimida en 1932 (diferentes partes se ligaron a las colonias de Costa de Marfil, de Níger y la parte francesa de Sudán). Luego fueron restituidas en 1947. Los pueblos colonizados fueron repartidos en un marco territorial establecido únicamente en función de los intereses colonialistas.
  • En ocasión de las independencias formales de 1960, los grandes conjuntos como África Occidental Francesa (AOF) y África Ecuatorial Francesa (AEF), fueron liquidados por el imperialismo francés que prefería tratar el problema individualmente y crear «Estados enanos» bajo su control.
  • Las clases y capas sociales reaccionarias aliadas del imperialismo en la lucha por el poder, dividen y enfrentan las diferentes nacionalidades utilizando todos los medios (étnicos, regionalismos, chovinismo y xenofobia). Logran así fomentar guerras civiles reaccionarias, como en Costa de Marfil, República Centroafricana, Chad, etc. Por esto, decenios después de las independencias formales de 1960, las diferentes nacionalidades que componen las neocolonias francesas, aspiran a liberarse del doble yugo del imperialismo francés y sus aliados locales, para logar su unidad.

La cuestión nacional no se ha resuelto correctamente y se plantea con agudeza para los comunistas y los revolucionarios, la necesidad de un trabajo político por la liberación y la unidad real de las diferentes nacionalidades en cada una de las neocolonias.

En nuestra época, como nos enseña la Revolución de Octubre, sólo el Partido Comunista, en el marco de la lucha por la Revolución Nacional Democrática y Popular y el socialismo científico, puede resolver la cuestión nacional. Esta lucha, parte integrante del proceso revolucionario mundial, se lleva a cabo con el espíritu del internacionalismo proletario. Las luchas de los pueblos, oprimidos de los países dominados por su liberación nacional y social y las del proletariado en los países imperialistas, se apoyan mutuamente en su lucha dirigida fundamentalmente contra sus enemigos comunes (los monopolios y los Estados al servicio de ellos). Es el momento de recordar los principios fundamentales que guían al movimiento ML, en la resolución de la cuestión nacional «En el problema de las colonias y de las nacionalidades oprimidas, los Partidos de los países en los que la burguesía posee colonias u oprime a naciones, hay que tener una línea clara, integral.»[3][3]

Ese principio lo ilustra el siguiente análisis del PCO de Francia: Si en un país dominado no es posible plantear el problema de la emancipación social sin cuestionar la dominación imperialista, en un país imperialista, un programa de ruptura revolucionaria, no puede sin embargo abstenerse de combatir los lazos de saqueo y de servidumbre que ese país mantiene a costa de otros pueblos. La lucha por la revolución en los países imperialistas y la lucha de los pueblos dominados por su liberación nacional y social está ligada, es indisociable.[4][4]

 

Partido Comunista Revolucionario Voltaico

BURKINA FASO

[1]«Stalin. El marxismo y la cuestión nacional… Edit. Norman Betune, pág.68»

[2]Ibídem

[3](Introducción a la 8ª condición de adhesión a la Internacional Comunista.)

[4](PCOF, revista Unidad y Lucha, septiembre de 2016)

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