1 de julio de 2018: antes, durante y después debemos mantener la lucha por un gobierno obrero campesino-indígena y popular sin neoliberales

Nos encontramos en el inicio de año que, sin duda, será turbulento en el desarrollo de la lucha de clases en nuestro país. El nuevo año representa la guerra sin cuartel que las diferentes expresiones de la burguesía desatarán para definir quién de ellos logrará administrar los intereses de la clase explotadora, en contra de la mayoría de los sectores populares, la clase obrera y el campesinado pobre.

Las batallas que se dan en el terreno electoral van desde la descalificación retórica hasta la violencia generada por grupos de choque y el crimen organizado. Sin embargo, es prudente no confundir el tipo de violencia acuñado por los grupos al servicio del mejor postor y las expresiones honestas de hartazgo e inconformidad social en contra de los candidatos repudiados, como el sucedido en el estado de Guerrero contra Ángel Aguirre por los padres de los 43 de Ayotzinapa.

La pelea rumbo al 1º de julio no entraña contradicciones de fondo, más bien resulta una confrontación por quién va a favorecer los intereses económicos de tal o cual grupo oligarca y el bloque imperialista con el que tenga mayores negocios. En dicho sentido sólo se juega la decisión de la mano que apretará el yugo al pueblo trabajador.

No obstante, resulta importante entender que hay un hartazgo popular a las medidas que han vulnerado los bolsillos de las amplias masas explotadas y oprimidas. Sobre las elecciones se fraguan dos escenarios: 1. Que el hartazgo popular logre la llegada de un nuevo grupo al poder, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, que cada vez tiende más a la derecha con las recientes alianzas con grupos económicos y políticos de muy dudoso proceder; o, 2. La imposición de un fraude electoral en la figura de José Antonio Meade, que representa la continuidad del saqueo a los recursos naturales y el mantenimiento de la política de hambre y corrupción.

Las últimas decisiones de Estado perfilan la eminente aplicación del segundo escenario, la aprobación de la Ley Mordaza y la Ley de Seguridad Interior son señales claras de que se prepara un fraude electoral. Aunado a lo anterior, los cambios en el gabinete presidencial dan señales de que se alista una maquinaria capaz de lograr dicho objetivo.

Ante tal panorama, ¿qué debe hacer el pueblo trabajador?

Indudablemente ninguno de los presuntos candidatos a la presidencia representa las demandas más sentidas del pueblo trabajador; por lo que, ante cualquiera de los escenarios ya mencionados, existe una fórmula que no puede fallar para la transformación radical de nuestra sociedad: la organización y movilización popular en las calles.

He aquí donde se encuentra el tema fundamental, en la ruta por lograr dicha transformación, la organización para la defensa de la voluntad popular juega un papel de primer orden, pasando por la denuncia y boicot de toda la campaña oficialista del candidato simbiótico.

La organización es insuficiente sin un plan de acción que logre transformar la inconformidad en oposición activa capaz de derrotar cualquier intento de fraude o entreguismo conciliador.

Este plan de acción pasa por reivindicar las demandas de todos los sectores organizados y no organizados; es decir, asumir los planes de acción emanados de los diferentes referentes unitarios, llámese Congreso Social, Asamblea Nacional Popular, Asamblea de Articulación de los Trabajadores del Campo y la Ciudad, Encuentro por la Unidad del Pueblo Mexicano, Encuentro Nacional de Dirigentes, etcétera, que incluye la gran movilización campesina del 31 de enero, las movilizaciones obreras el 1º de Mayo y magisteriales el 15 de mayo, las movilizaciones de los afectados por los sismos del 7 y 19 de septiembre, la exigencia de presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa, etc.

Claro está que no será suficiente con dichas acciones, sino que tendrá que desembocar en una jornada de movilizaciones antes, durante y después de las elecciones del 1º de julio para que, gane quien gane, quede claro que los trabajadores no permitirán ninguna imposición, ninguna traición.

Este artículo es parte del Vanguardia proletaria No. 520 del 15 al 31 de enero de 2018.

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