El idealismo filosófico y la ciencia institucionalizada

Lenin, en su texto Materialismo y Empirocriticismo mostró, la forma en que desde fines del siglo XIX se introdujeron en la física los elementos del idealismo filosófico, elementos que se han vuelto dominantes en la Física moderna y que son una de las causas principales de la crisis de esta disciplina. Esta crisis se expresa en las interpretaciones idealistas de la Mecánica Cuántica surgidas de los planteamientos de Niels Bohr, quien sostuvo que el estado de una partícula no es una realidad objetiva sino sólo una posibilidad, las propiedades de la partícula, antes de una medición, corresponderían simultáneamente a todas las posibilidades, no existiendo así una realidad objetiva sino únicamente la percepción que se identifica con la medición. Esta interpretación corresponde a la afirmación reaccionaria del idealista Berkeley: “existir significa ser percibido”. En la misma forma, en la Relatividad de Einstein -seguidor de Berkeley- se niega la existencia de la realidad objetiva al considerar la masa de un cuerpo, así como sus dimensiones, no como propiedades inherentes a él, sino como atributos que el observador le asigna en función de su propio movimiento.

Stephen Hawking se adscribió en su labor como investigador a las concepciones dominantes en la Relatividad y la Mecánica Cuántica. Sin una actitud crítica a los fundamentos y principios de estas teorías, reafirmó y divulgó las tesis de las mismas en su libro ampliamente publicitado Breve Historia del Tiempo en el cual llegó a referirse a la posibilidad de conocer, a través del desarrollo de la ciencia, “la mente de Dios”. Este planteamiento que se corresponde con la idea de Einstein acerca de la complementación entre ciencia y religión, es una muestra de las concepciones idealistas de Hawking, aunque al final de su vida y ya retirado de la actividad académica se haya declarado ateo.

Muchas veces sin estudiar y analizar los planteamientos teóricos de un autor como Stephen Hawking, se repite lo que plantea el discurso oficial de la ciencia institucionalizada, que sus contribuciones son de gran relevancia o que fue uno de los científicos contemporáneos más brillantes. Quien así se expresa se apropia de un discurso prefabricado, desconociendo realmente el trabajo del autor. Ello se explica por el impulso dado desde la ciencia oficial a construcciones teóricas y pensadores que son publicitados como paradigmas e iconos de la ciencia, pero que en realidad reproducen en el ámbito de la ciencia la ideología dominante.

Ya Marx había afirmado en el Manifiesto Comunista que al hombre de ciencia la burguesía lo ha convertido en su servidor asalariado. Es en tal condición que los pensadores adscritos a la ciencia institucionalizada contribuyen a reproducir la ideología dominante y su actividad no necesariamente significa una contribución a la compresión racional de la realidad.

Si se estudia el trabajo de Stephen Hawking, necesariamente habrá que concluirse que se inscribe en las concepciones idealistas en las que intenta sustentarse la teoría de la Relatividad y algunas interpretaciones de la Mecánica Cuántica y en tal sentido no constituye una contribución real a la ciencia.

La ciencia es revolucionaria en tanto posibilita la comprensión racional de la realidad objetiva en la perspectiva de su transformación de acuerdo con el interés del género humano. En el capitalismo, la ciencia institucionalizada tiende a reproducir la ideología dominante, legitimando al orden establecido y sólo de manera parcial y sesgada explica ámbitos específicos de la realidad en función del interés del capital para el control social y del proceso productivo. La explicación más profunda y amplia de la realidad está en contradicción con los intereses de la clase dominante, que para conservar su condición de clase privilegiada requiere la construcción de una imagen no racional, sino mistificada –idealista- de la realidad. En el ámbito de la Física, la condena por la Inquisición a Giordano Bruno y a Galileo Galilei ilustran lo anterior; lejos de ser reconocidos y publicitados por sus planteamientos acerca del universo, Galileo fue obligado a retractarse y Bruno fue quemado vivo en la hoguera toda vez que sus descubrimientos entraban en contradicción con elementos en los que se sostenía la ideología dominante.

Tomado del Vanguardia proletaria No. 524 del 15 al 31 de marzo de 2018.

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