El aumento al salario mínimo no modifica las condiciones de explotación de la clase obrera

En el modo de producción capitalista la fuerza de trabajo constituye una mercancía, y como tal, posee un valor de cambio determinado por el tiempo de trabajo que se requiere para su reproducción. La fuerza de trabajo se reproduce a través del consumo por parte del obrero de los llamados medios de subsistencia, es decir, de las mercancías que diariamente tiene que consumir para subsistir y satisfacer las necesidades que tiene como ser históricamente determinado a fin de seguir trabajando para el capitalista. Ello incluye también la subsistencia de los hijos del obrero que habrán de formar parte de la nueva generación de obreros en activo.

Como ocurre con toda mercancía, su precio oscila en torno a su valor. En los periodos en que se acrecienta la acumulación de capital, el precio de la fuerza de trabajo, es decir el salario, puede aumentar, pero nunca más allá de un límite que resulte inconsistente con los intereses del capital.

El neoliberalismo como respuesta de la burguesía y su Estado ante la crisis económica de fines de los años setenta, ha tenido como uno de sus ejes acrecentar el grado de explotación de la fuerza de trabajo a través del incremento de la jornada, la eliminación formal de derechos de la clase obrera y la reducción del salario. Desde 1982 el salario mínimo ha perdido más del 80% de su poder adquisitivo, de ahí que en forma creciente se hayan incorporado las mujeres y los niños al mercado laboral.

Actualmente con el agotamiento del modelo neoliberal y la crisis general del sistema capitalista, se hace necesario para un sector de la burguesía reactivar el mercado interno; de ahí la necesidad de contener el deterioro del poder adquisitivo del salario a fin de no profundizar la crisis relacionada al subconsumo y sobreproducción. Por lo anterior, el incremento de 16% al salario mínimo es consistente con el interés de la burguesía; con esta medida se busca además conferirle legitimidad al Estado. Sin embargo, el incremento no modifica ningún rasgo esencial de las condiciones de vida de la clase trabajadora.

La Canasta Alimenticia Recomendable (CAR), definida a partir de los criterios del Instituto Nacional de Nutrición incluye 40 alimentos que cubren las necesidades alimenticias de una familia de 4 miembros. De acuerdo con el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM, para un obrero que percibía el salario mínimo en 1987, era necesario laborar 4 horas con 53 minutos para obtener un ingreso que le permitiera adquirir la CAR; para el año 2000 este tiempo se eleva a 13 horas con 30 minutos y para 2017 a 24 horas con 31 minutos. De esta forma, sólo para adquirir alimentos, el trabajador requeriría un ingreso superior a tres salarios mínimos; actualmente el 70% de la población económicamente activa no percibe un ingreso que supere los tres salarios mínimos.

Por otra parte, con un incremento anual de 16 % y la inflación de 4.9% que tuvo lugar en 2018, sería hasta el 2040 cuando se recuperaría el poder adquisitivo del salario mínimo de principios de los años 80, en relación al consumo de alimentos.

Señalar, como lo hace el gobierno federal, que el incremento de 16 % permite iniciar la transición hacia un “salario digno” es una falacia. Al capitalismo lo define la explotación sobre la fuerza de trabajo y la extracción de plusvalía, y en su desarrollo no puede tener lugar sino un creciente deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de la clase obrera. Sólo podrá tener lugar una transformación real de esas condiciones con la conquista del Poder político por el proletariado y la construcción del socialismo.

 

Tomado del periódico Vanguardia Proletaria en su edición 544.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *