La 4T sigue creciendo el proceso de fascistización

En México, la fascistización crece aprisa

Sus promotores son los nuevos que han llegado al gobierno

La fascistización es un proceso político empleado hoy en el marco del neoliberalismo, por la oligarquía financiera para garantizar el desarrollo del capitalismo-imperialismo, en una situación en la que la acumulación y centralización capitalista se acorta cada vez más, resultado de la decadencia y agotamiento del sistema, situación que le resulta difícil a la burguesía para poder mantener y recuperar sus ganancias, como consecuencia de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, la sobreproducción de mercancías y las crisis económicas más y más profundas y donde los esclavos asalariados elevan y hacen más constante su confrontación con la explotación de los patrones y se resisten a bajar más su nivel de vida y pagar los costos de la crisis enfrentando el control cada vez más represivo del capital.

Además, la democracia burguesa, falsa, corrompida y circense aleja a las masas de su participación, reafirmando ser una dictadura brutal, cínica de mercaderes y se sostiene violentamente para seguir defendiendo la propiedad privada.

La persecución, los encarcelamientos, los asesinatos y desapariciones eran antes focalizados contra los opositores políticos y principalmente contra los revolucionarios, implementados por el Estado -vía las fuerzas armadas-, hoy esas acciones se han convertido en una práctica generalizada contra la población, para mantenerla sumisa, inactiva, desorganizada, sin perspectiva de liberación, a través de otros instrumentos como la delincuencia organizada.

Este proceso de fascistización se acentuó más con la llegada de Felipe Calderón Hinojosa, donde la oligarquía financiera aumentó la brutalidad del Estado con leyes y la violencia -con la fachada de combate al narcotráfico- para asegurar gobernar a través de este personaje de derecha, pues desde Vicente Fox, otro expresidente del país, las masas habían sido desencantadas por su gobierno al no experimentar ningún cambio, como el esperado y prometido por él y el PAN y por el contrario las condiciones de vida y trabajo del pueblo empeoraron. Con Enrique Peña Nieto, el neoliberalismo que habría iniciado Miguel de la Madrid, expresó su agotamiento con una profunda descomposición del mismo expresado en su gobierno abiertamente ladrón de los recursos públicos y de mayor entreguismo a Estados Unidos, principalmente.

La oligarquía financiera con sus propias leyes no puede superar la pobreza y la violencia -más bien la administra- con una falsa la pacificación del país, por lo que se multiplica la inconformidad popular y para mantener a sus familias, migran de zona, de entidad a otro país o aceptan las opciones de la otra delincuencia organizada. Y frente a este ruin escenario aparece un nuevo salvador del capitalismo, Manuel López Obrador, que se ha ofertado a ser un buen y eficiente administrador del derruido Estado burgués (austeridad republicana), incluso que se ha declarado anti neoliberal y lo ha enterrado formalmente, pero que se apoya en este mismo para oxigena a todo el sistema capitalista, pues no pretende echar para abajo las reformas estructurales impuestas.

Entonces la burguesía pasa por encima de su Constitución Política o la adecúa, militarizan el suelo mexicano, adaptan actos de facto o endurecimiento de las leyes a sus intereses para multiplicar la explotación, ejercer un nuevo control o desaparecer los sindicatos, reducir o ajustar programas sociales –entrega directa de dinero al pobre-, que se convierten en plataformas electorales y mediatización de las masas.

Prueba de ello es el desconocimiento de la relación laboral del magisterio organizado en la CNTE (como la Sección 7 en estos momentos), los contratos colectivos, los despidos masivos injustificados de trabajadores del Estado, la eliminación de Prospera y Procampo, por la siembra de árboles (proyecto de agroindustria, “Sembrando Vida”), pero reforzar las fuerzas armadas contratando inicialmente 70 mil desempleados para la Guardia Nacional, desplegada principalmente donde hay lucha popular organizada y disminuida donde la delincuencia organizada tiene presencia.

El Sistema Nacional de Seguridad Publica, reconoce el incremento de la violencia, específicamente en asesinatos:

El gobierno federal de López Obrador intenta terminar la violencia con la bota militar de la Guardia Nacional integrados por uniformados que fueron el ingrediente perfecto para la fortaleza de la violencia misma, o sea, con la estructura de las fuerzas armadas llámese Ejército, Policías Federales, Marina y policías estatales, es querer curar un cáncer con el antídoto que lo creó.

La carta de presentación de la “Cuarta Transformación” (4ª T), es la violenta, abierta y creciente fascistización, con las desapariciones, los asesinatos, la tortura, los encarcelamientos, como respuesta ante la inconformidad popular en busca de trabajo, justicia y bienestar, incluso que la 4ª T ha generado.

La otra carta de presentación de la 4ª T con la fascistización la encontramos en todas las instituciones: sociales, educativas, manejadoras de la política mexicana, impartidoras de justicia, la cámara de diputados y de senadores ocupados con los mismos alguaciles de siempre PRI, PAN, PRD, hoy morenos. Las 11 reformas estructurales están en esa misma vía, plena sintonía y objetivos de dejar manos libres al capital contra los trabajadores (nueva ley laboral y educativa) y los saqueos de la riqueza nacional.

El ajuste al presupuesto, empleo temporal, comedores comunitarios, apoyo al empleo, apoyo al jornalero; todo de infraestructura, de abasto social y rural, de las artesanías, Fappa, Promete, migrantes (nosotros), pasan por la llamada Austeridad Republicana, que también golpeó a los trabajadores de esas secretarias y todas las dependencias que tienen programas sociales federales y peor aún, las instituciones de carácter estatal. Con el agregado extra de que en las reglas de operación de los programas tienen manos libres y de total apoyo a los grandes empresarios.

Entonces el creciente proceso de fascistización del país se consideran esas dos cartas de presentación: militarización y mayor endurecimiento de las leyes, operación con los mismos de siempre: tricolores, blanquiazules, amarillos y morenos, todos al servicio del imperialismo gringo, sin excluir el chino y ruso, como de los capitales locales.

 

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