Aborto y salud de las mujeres en la URSS

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), fue el primer país en el mundo en despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en 1920. Sin embargo, hubo intensos debates y reuniones para resolver la cuestión de introducir esta nueva política.

Algunos llamaban a la creación de tribunales sociales para decidir en qué casos si se podría practicar un aborto y en cuáles no, a seguir criminalizando el aborto. Lo que no consideraban, era que las mujeres preferían arriesgarse a morir antes que revelar sus vidas personales. La postura dominante fue aquella que proponía que: a) dicha legislación no debía ser la protección individual de los cuerpos de las mujeres, sino la protección del colectivo, b) la maternidad debía ser un derecho y no una obligación, c) el castigo a las mujeres por abortar, no había hecho que disminuyera su recurrencia, y d) aunque consideraban al aborto como “un mal” que debía ser combatido, era una realidad que las mujeres al hacerlo de manera clandestina, contraían infecciones graves a falta de antibióticos y en manos de mercenarios y morían. Por lo que era necesario que tuvieran una práctica segura, gratuita y de calidad proporcionada por el gobierno soviético.

“Combatir” el aborto, no fue en el sentido ideológico, sino en el terreno de las condiciones materiales de vida de las mujeres y hombres. Puesto que debemos observar las situaciones adversas que llevan a las mujeres obreras y campesinas a abortar, tanto en aquel entonces como hoy en día. Se establecieron políticas previas y posteriores a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, se había abolido el estatus inferior de las mujeres respecto a los hombres, el matrimonio sólo se realizaba mientras fuera por consentimiento mutuo, se eliminó la distinción entre hijos ilegítimos y legítimos, se legalizó el divorcio. Cómo protección especial para la mujer, se eliminó el trabajo nocturno y las horas extras, se fijó una jornada laboral de 8 horas y para las madres, se les otorgó una licencia de 8 semanas antes y 8 semanas después del parto percibiendo su salario íntegro, así como un periodo de lactancia de media hora por cada tres horas. Se penalizó el acoso sexual. Además, se dispusieron comedores familiares, guarderías en los centros de trabajo y educación gratuita que incluía el vestido y calzado.

Al legalizarse la interrupción voluntaria, se enfrentaron a diversas dificultades: miles de pueblos no contaban con hospitales y médicos capacitados, así que tiempo después se tuvo que recurrir a comisiones médicas para decidir si se practicaría el aborto, puesto que los servicios médicos no fueron suficientes.   Para 1924,  el gobierno soviético había caído en la cuenta de que quienes más se practicaban abortos era  las mujeres con mejores posiciones sociales y económicas, por lo que se inclinó por las mujeres más desfavorecidas restringiendo el aborto a lo siguiente: mujeres solteras desempleadas, trabajadoras solteras con un hijo, mujeres trabajadoras con al menos tres hijos, esposas de trabajadores con varios hijos, violación sexual, embarazo por fuerza o engaño, por dependencia material o por razones médicas.

En este mismo año el 57% de los abortos aún eran realizados fuera de los hospitales y para 1927 descendió la cifra a 24%. En 1926 se registraron 400 mil abortos y en 1934 se tuvo un total de 700 mil.   En 1936 y 1944 se penalizó el aborto para quienes lo realizaran a las mujeres, excepto con fines terapéuticos y en 1955 se restableció su legalidad.

Esta política de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en la URSS, no fue una política exclusiva para la mujer, ni sobre la decisión personal sobre el cuerpo. Se inclinaba más bien hacia garantizar a la comunidad mejoras sociales y económicas, y una política para protección de la infancia, contraria al derecho burgués que sólo plantea el terminar con el embarazo porque no existen condiciones materiales que puedan asegurarle un presente y futuro digno, ni al embrión, ni a la mujer que lo lleva, ni a ningún miembro de la clase trabajadora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *