Construir el Partido del Proletariado y sus brazos sectoriales: una tarea de primer orden

La experiencia histórica nacional e internacional nos ha demostrado que la clase obrera requiere de su Estado Mayor o destacamento de vanguardia, para enfrentar satisfactoriamente a la burguesía, destruir el capitalismo, construir el socialismo proletario y el comunismo científico, mediante la táctica y estrategia de la dictadura del proletariado. 

   Dicha forma de organización superior se proyectó con Marx y Engels en la Liga de los Justos, que después se transformó en la Liga de los Comunistas, hasta lograr posteriormente la construcción de la I Internacional o Asociación Internacional de Trabajadores. Aunque lucharon por ello, no vieron instaurar el Estado de dictadura del proletariado y socializar los medios de producción, pero vieron el papel  protagónico del proletariado en las revoluciones burguesas de 1848 (Austria, Polonia, Alemania, Francia, Italia, Suiza, etc.) y la Comuna de París, que conquistó derechos nunca antes vistos para los trabajadores y la mujer revolucionaria, como la proximidad de destruir el Estado burgués para imponer un Estado proletario. Aunque la Comuna de Paris fue derrotada, esa experiencia heroica, sirvió y sirve al movimiento obrero y socialista-comunista contemporáneo.

   Posteriormente con la III Internacional Comunista o Komintern, que después se denominó Kominform, se enfrentó teórica y prácticamente el marxismo-leninismo (bajo la dirección de Lenin y Stalin) contra el revisionismo (el bernsteinianismo, el kautskysmo, el trotskismo, el maoísmo y el titoísmo, también combatidos por Dimitrov y Hoxha); el reformismo, el socialdemocratismo, el populismo, el socialimperialismo (impuesto después del arribo de las camarillas que restauraron el capitalismo en la URSS por medio del jruschovismo) y sabotearon el socialismo en China (con los maoístas así como las desviaciones de derecha e izquierda); el socialpacifismo, el socialreformismo y otras tendencias, lo cual fugazmente contribuyó a la formación de un bloque socialista (principalmente en Europa Oriental), se abrió otro periodo de lucha que doto de elementos nuevos de la lucha de clases al proletariado para avanzar en su misión histórica.

   Aunque la primera experiencia del socialismo-comunismo fue derrotada por el capitalismo-imperialismo, asumimos de forma crítica y autocrítica esas experiencias ricas que nos aportaron, tanto los bolcheviques, como el Poder soviético, porque eso nos permitirá fortalecer y construir nuevos Partidos Comunistas Marxista Leninistas con todo el legado aportado por comunistas consecuentes como Dimitrov, Enver, Raúl Marco, etc. Al menos así nos lo ha demostrado la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas (CIPOML) fundada el 1 de agosto de 1994, ante la necesidad de generar cuadros profesionales y especialistas revolucionarios que consoliden vínculos estrechos con las masas.

   Con una posición por ahora débil, vamos ganando autoridad moral y política en diversos procesos de lucha (la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (2006), la insurrección indígena-popular de Ecuador -2019-, el levantamiento de masas que derrocó al dictador Ben Ali en Túnez -2011-, la revuelta del pueblo de Burkina Faso contra la dictadura de Blaise Campaoré, el Ejército Popular de Liberación (EPL) que continúa en la lucha contra el régimen en Colombia ante la claudicación de las FARC, por mencionar algunos) porque mantenemos una posición consecuente y asumimos con madurez política el compromiso por enarbolar las causas progresistas, democráticas y revolucionarias del proletariado y las masas populares, para derrotar a las fuerzas reaccionarias, conservadoras y contrarrevolucionarias de la burguesía, los imperialistas, los fascistas y socialdemócratas.

   De esta lucha internacional y nacional, la basta experiencia del movimiento comunista internacional marxista leninista y de la lucha de las masas, entendemos que los esfuerzos tienen que ser persistentes y amplios, porque son muchas las necesidades del proceso revolucionario que debemos desarrollar como es  profesionalización y especialización del trabajo político militante que nos impone la fuerza del enemigo, no solamente de construir Partido entre el proletariado, sino también cimentar sus brazos sectoriales entre el campesinado, el estudiantado, la juventud, la mujer trabajadora, los pueblos originarios, los artistas, como herramientas propias de lucha que tengan una perspectiva de clase proletaria y todos los que sean necesarios para que nuestra línea política se impregne, de tal modo, que sea lo más multisectorial posible para debilitar la base social de los partidos políticos y sindicatos patronales.

   Para lograr exitosamente estas alternativas de organización debemos seguir estudiando y asimilando la rica experiencia histórica del proletariado en el país y en el mundo, fortaleciendo su Partido, elevando las formas de lucha y organización haciéndose más disciplinados, ordenados, puntuales y audaces, porque solamente así podremos trasladar la disciplina revolucionaria de la clase obrera, no solo a la producción, sino también a su organización clasista, independiente. La bolchevización y proletarización de nuestras filas dependerá de ello para que nuestra táctica y estrategia se desplieguen de forma exitosa.

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